Cueva-dolmen del Rec de la Quarentena I

(2500-2000 aC Neolítico final)

La cueva-dolmen es un tipo de sepultura megalítica que aprovecha una cavidad natural como cámara funeraria, que se adapta el modelo constructivo dolménico. Es decir, se cierra la cueva con dos paredes laterales de piedra seca y se constituye un corredor con losas de gneis y un tumulto frontal. La tumba está orientada al sureste, hacia la puesta de sol, perpendicular a la riera de la que toma el nombre.

Esta tumba fue descubierta por el geólogo Carles Roqué en 1998. En el mismo año se excavó y se recuperaron varios fragmentos de cerámica hechos a mano que permitieron ponerles de fecha la segunda mitad del tercer milenio aC. Seguidamente se restauraron los muros del cierre y se reconstruyó el tumulto para reforzar el corredor. La acidez del suelo no permitió que se encontrara ningún resto humano dentro de la cámara.

Este tipo de tumbas, denominadas alternativas, se sitúan en un contexto en el que hay un aumento de la demanda de sepulturas, probablemente por un aumento de la población o bien porque la comunidad de payeses que vivía en las inmediaciones necesitaba enterrar a más miembros del grupo. En todo caso, las tumbas en contexto neolítico eran lugares de inhumación múltiple, simultánea o sucesiva.